Conoce al director ejecutivo Eduardo Méndez, responsable del impresionante crecimiento de la institución de música clásica en las últimas décadas.
Eduardo Méndez recuerda el día que su madre lo llevó por primera vez a un pequeño núcleo de El Sistema en Mérida, su ciudad natal en la región andina de Venezuela. Tenía apenas 5 años y su mamá quería que por las tardes hiciera algo mejor con su tiempo que ver televisión.
“Me acuerdo que el proceso de ingreso a la orquesta fue muy fácil”, dice el violinista y abogado, desde 2008 director ejecutivo de la institución, a Billboard Español. “Ahí la llamaban La Juvenil y me gustó muchísimo cómo me recibieron, fue súper amable. Nadie me hizo un examen para ver si tenía oído o no tenía oído. De hecho, le dijeron a mi mamá: ‘Si quiere déjelo de una vez’”. Al día siguiente, comenzó.
El Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela — hogar de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar y conocido simplemente como El Sistema — celebra este año su 50º aniversario transformando vidas a través de la educación musical gratuita con ese mismo sentido de inclusión.
Guiado desde temprana edad por el maestro fundador José Antonio Abreu, Méndez, junto con su compañero Gustavo Dudamel, fueron elegidos como el futuro de la institución: Dudamel llevó su espíritu al mundo como director de orquesta, mientras que Méndez se quedó en Venezuela para fortalecer su fundación, logrando expandir su presencia a 72 países y aumentando la inscripción de 60.000 a 1,2 millones de niños a nivel local.
“Desde el 2008, Eduardo ha liderado El Sistema con incansable dedicación junto a nuestro gran maestro Abreu durante muchos de esos años, inspirando a millones de personas en todo el mundo”, dice Dudamel, actual director artístico y musical de la Filarmónica de Los Ángeles y próximamente de la de Nueva York, a Billboard Español. “Bajo su liderazgo, la misión de El Sistema ha llegado más lejos que nunca, recordándonos que no solo estamos formando músicos, sino ciudadanos del mundo: jóvenes que llevan orgullo, propósito y sentido de pertenencia en todo lo que hacen”.
Las celebraciones por el 50º aniversario abarcan distintas actividades y conciertos a lo largo de 2025, incluyendo un show de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar dirigida por Dudamel el 28 de agosto en el Southbank Centre de Londres, anunciado el miércoles (16 de julio). Días antes, el 22 de agosto, la orquesta interpretará un set de apertura y acompañará a Coldplay durante los 10 conciertos sold-out de la banda en el Wembley Stadium.
“La Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, como el conjunto principal que representa a todos los niños y jóvenes músicos de El Sistema, encarna nuestra visión compartida de celebrar la música y su capacidad de inspirar”, dijo Méndez en un comunicado. “Por eso, es un gran honor para nuestros jóvenes músicos compartir el escenario con una banda de renombre mundial como Coldplay. Esta colaboración ha surgido de forma natural, aprovechando el impulso y el entusiasmo generados por el 50º aniversario”.
En entrevista con Billboard Español desde Caracas, Méndez — que además fue homenajeado en marzo en la Gala de Primavera de la Fundación Wayuu Taya en Nueva York — conversa sobre su trayectoria en El Sistema, los desafíos que la institución ha atravesado en los últimos años, y sus mayores logros.
¿Cómo pasaste de ser violinista a ser director ejecutivo de El Sistema?
Yo además de músico, soy abogado. Me gradué en la Universidad Católica Andrés Bello y tocaba en la Orquesta Simón Bolívar. Hice las dos carreras al mismo tiempo; me gradué del conservatorio a los 20, y de abogado a los 21. Conversando con el maestro [Abreu] un día en su oficina, le digo, “Maestro, tengo un tema aquí con los horarios del trabajo. Se me complican los horarios. ¿Qué me recomiendas?”. Y él me dijo, “Tienes que venir a trabajar conmigo. Puedes compartir ese conocimiento que tú has adquirido en la universidad con tu conocimiento de músico”. “Sí, pero yo no sé nada de gerencia como tal. Yo no nunca he estado en eso”. “No te preocupes”, me dijo, “yo tampoco sabía”.
Y me dijo algo que me interesó mucho: “Músicos aquí en El Sistema hay muchísimos, pero músicos que sepan de otras áreas y que quieran apoyar del otro lado, hay muy pocos”. Y ahí creo que me convenció. Me pareció interesante el reto. Empecé a trabajar con él desde las cosas más elementales. Pasé por todos los cargos administrativos y gerenciales de la institución. Fui de la dirección académica a la dirección nacional de núcleos, a la gerencia general, fui director de recursos humanos, director de gerente de la Orquesta Simón Bolívar, planificador. Hubo gente que me apoyó muchísimo, y quizás hubo gente que no le gustaba mucho que un muchachito le estuviera dando instrucciones, pero fueron situaciones que a mí me ayudaron a crecer mucho, a aprender. Estudié en el I.E.S.A. una especialización en gerencia pública, y cuando termino mi especialización a los dos años el maestro me nombra director ejecutivo. Fue una sorpresa absolutamente para todo el mundo, empezando por mí, que me enteré por un memorandum.
¿Cómo recuerdas al maestro Abreu (1939-2018)?
Como un gran mentor, un gran maestro, un ser humano también excepcional. Su calidad humana era tan igual como su genialidad. Un visionario que se le ocurrió de alguna manera, recogiendo lo que estaba pasando en una Venezuela de los años 70, donde había muchos músicos jóvenes que no tenían dónde trabajar, convocar un ensayo para formar una orquesta. Y cuando formó la orquesta y a ese primer ensayo asistieron 13 muchachos, él les anunció allí con esa vision: “Esto va a ser un proyecto gigantesco. Esto va a ser un proyecto que le da la vuelta al mundo, que va a ser reconocido, que va a grabar discos con las mejores agrupaciones, que va a tocar en las mejores salas de conciertos”. Y resulta que sí pasó. Se fue construyendo, pero no por ósmosis; hubo un trabajo muy dedicado.
Y bueno, él fue conmigo, particularmente así como con Gustavo [Dudamel], muy presto a la enseñanza. Yo trabajé 17 años a su lado y desde el principio, y él enseñaba de una forma muy particular, porque él era muy severo, muy exigente, pero por otro lado era un ser humano extraordinario, una persona que se preocupaba por todos los detalles más pequeños de la sensibilidad, de llevar ese mensaje siempre de ayuda, de apoyo. Él decía que la esencia de esto no era desarrollar orquestas extraordinarias y músicos extraordinarios. Sí, eso iba a pasar, en una masa tan grande de gente van a aparecer unos genios, van a aparecer personas que se van a desarrollar. Pero lo más importante era desarrollar a los ciudadanos, desarrollar ciudadanía.
Una de las cosas que resulta fascinante es cómo El Sistema ha salido adelante independientemente de quién esté en el gobierno. ¿Cuáles han sido los mayores retos para ti en ese sentido y por qué crees que han logrado mantenerse y crecer en una situación socioeconómica y política como la de Venezuela?
Apegarse a la institucionalidad ha sido la clave, y esa institucionalidad siempre ha sido muy difícil. Uno sabe lo que es, y uno sabe en qué está y sabe que tiene que trabajar para y por los niños, por los jóvenes, por el proyecto. Pero eso a veces no lo entiende todo el mundo. Incluso desde el origen de El Sistema hubo muchos retos que tuvo que avanzar el maestro para lograr el reconocimiento del proyecto por parte del Estado, porque en ese momento se sabía que un proyecto de estas magnitudes no podía ser bajo ningún concepto manejado solo de manera privada, porque ya con la conceptualización de que sea gratuito iba a ser prácticamente imposible, y esa era la esencia del programa.
Eso mismo me tocó a mí pasarlo. Tuve muchos retos de tipo institucional en momentos difíciles, sobre todo ya cuando se combinó un poco mi trance en la dirección ejecutiva con la enfermedad del maestro Abreu, que pasó enfermo casi cuatro años. A pesar de que él estaba allí, no estaba todos los días, entonces eso me genera a mí la obligación de tomar ya un poco las riendas del proyecto de una manera más decidida en un momento donde la organización era absolutamente personalista, dependía del maestro Abreu — lo que dijera el maestro, se hacía. Uno de los retos que yo tuve allí fundamentales, para mantener la institucionalidad, fue la despersonalización de ese proyecto: horizontalizar la institución, darle responsabilidades a todas las personas, formar las nuevas generaciones de gerentes. Mis retos fueron modernizar la institución, adaptar las estructuras para el crecimiento. La figura del maestro hoy obviamente sigue y seguirá siempre presente, pero ya es más como la filosofía.
Hoy hay una junta directiva. Además, tengo cuatro directores sectoriales por áreas, y los directores tienen sus responsabilidades claramente definidas. O sea, si yo estoy o no estoy, esto funciona exactamente. Ellos saben qué hacer, cómo hacer. Claro, hay planes macro que yo lanzo desde el comienzo del año — qué es lo que va a pasar, cómo lo vamos a hacer. Hay unas planificaciones a dos y a tres años, que eso no pasaba antes. Si nosotros queríamos hacernos respetar en el mundo de la música clásica internacional, teníamos que planificarnos
Millones de personas emigraron del país en la última década, incluyendo muchos músicos de El Sistema. ¿Cómo manejaron esta situación?
Esos retos fueron los que me hicieron a mí tomar muchas decisiones yo diría que revolucionarias para la organización en sí misma y para el país también, porque esta organización se empezó a mover de una manera completamente distinta a lo que se movía el resto del país. Una de las cosas que estaban pasando en Venezuela, como tú decías, esa situación de polarización, de situaciones complejas políticas, donde incluso hubo músicos que se fueron — mira, para nosotros convertir todas esas situaciones complejas en fortaleza […] La Orquesta Simón Bolívar prácticamente se desmanteló en el momento de la crisis, y con la pandemia, peor. Tuvimos que crear una nueva orquesta que, fíjate, acaba de salir a una gira exitosa en Europa, por las ciudades más importantes, donde hubo standing ovation en todas partes, y es una orquesta completamente nueva.
La pregunta que se hacían mis colegas en las otras orquestas afuera que nos recibieron amablemente, los venues: “¿Pero cómo una misma institución puede reconstruir una orquesta con muchachos propios, formados por sí misma, y venir acá y vender las entradas que yo no vendo?” Es diametralmente opuesto a lo que pasa en el resto del país, y eso tiene mucho que ver en cómo es la gerencia de El Sistema, y con cómo aprendemos música. Porque la música dentro de El Sistema se ha movido siempre muy rápido, ha sido la punta de lanza. Un niño que entra ahorita en un núcleo, no es Eduardo Méndez cuando entró a los 5 años. Ahorita un niño de 5 años en un núcleo es hiperestimulado. O sea, la metodología se ha perfeccionado a lo largo de los años de una manera increíble. Y ahorita hay que atender miles de orquestas, hay que atender miles de núcleos.
¿Cuánta gente conforma el equipo de directivos?
Hay 89 de personas, entre directores y jefes de inspección, que son como los jefes que manejan toda la organización. Y yo trabajo directamente con cuatro directores sectoriales, que son los que se encargan de cada uno de esos sectores. Una organización como esta, que además recibe fondos tanto públicos como privados, que recibe donaciones, que recibe una serie de recursos para esto, requiere también de tener un manejo absolutamente intachable. He constituido equipos muy intensos en ese sentido para para que las cosas fluyan.
¿Crees que el éxito internacional de Dudamel contribuyó a llevar el nombre de El Sistema al extranjero?
Evidentemente sí. Inclusive, él fue parte del éxito que ya venía gestando El Sistema, porque cuando El Sistema empieza con lo que fue la creación de sus orquestas infantiles, es cuando se crea esa nacional infantil en la que Gustavo tocaba. Entonces, claro, empieza la Orquesta Infantil como una orquesta experimental de niñitos tocando repertorios de adultos, repertorios que de alguna podían ser manejables, pero bajo un estricto método de enseñanza. Y eso fue lo que hizo esa orquesta, empezó a viajar apoyada por el Estado, apoyada por los distintos sectores, y viajó por Italia, fue para Alemania. Ese fue el primer paso a la internacionalización de la parte europea; ya la parte suramericana estaba bastante avanzada.
Luego el maestro lo pone a dirigir la orquesta, que era formalmente la nacional infantil, y en ese momento Gustavo recibe una experiencia muy importante, un bagaje de experiencias que le permite a un muchacho de 13, 14 años tener ruedas como decimos en el mundo de la música, tener contactos. Porque un director normalmente en Europa o en Estados Unidos, cuando quiere dirigir una orquesta, tiene que graduarse y pasar años para que le den una orquesta. Aquí ya Gustavo venía con la práctica a mil y el maestro al lado enseñándolo. Eso hizo que Gustavo ganara al final [la Competencia de Conducción Gustav Mahler] en Bamberg, [Alemania], que fue lo que efectivamente lo lanza y contribuye a que la gente se pregunte “¿De dónde viene este muchacho?
¿Cuál dirías que ha sido el mayor logro de El Sistema en estos 50 años?
Mantenerse estable a pesar de todo y lograr crecer, porque no solamente es mantenerse, sino lograr crecer y lograr ser un ejemplo para otros países. Yo creo que dentro de todas las cosas que pueden rodear una situación alrededor de El Sistema, que puede decirse que es bonito, que es simpático, que es agradable, no es solo eso. Esto es algo mucho más profundo. Ha transformado la vida de millones de venezolanos. Nosotros estimamos que más de 3 millones de niños y jóvenes venezolanos han pasado en 50 años por las aulas de El Sistema, incluyendo los que están actualmente.
Y lograr crecer y desarrollarse no solo como un proyecto de inclusión que ha sumado, sino que lo ha hecho con calidad, que lo ha hecho con excelencia, donde se ha elevado además el gentilicio del venezolano en el mundo de la música, al punto de que se nos cataloga hoy por hoy como una potencia de música clásica y yo me atrevería a ir un poco más allá — no solo en la música clásica, porque incluso en la música popular, muchos de esos músicos que están ganando Grammys en todo el mundo de la música latina salieron de aquí y son absolutamente orgullosos de haber pasado por nuestras aulas. Una cuestión que hace 50 años pareció utópica se convirtió en una realidad muy importante para Venezuela. Ha transformado la vida de gente, ha generado trabajos, empleos, ha sido una organización de avanzada innovadora, ha sido una organización unificadora, además. Hablar de El Sistema en Venezuela, hoy por hoy, es hablar de unidad. No hay nadie de ninguna parte que pueda decir algo negativo sobre El Sistema.

