En “24 Horas con Ryan Castro en Curazao”, el artista nos pasea por la isla mientras reflexiona sobre sus raíces caribeñas y sus primeros trabajos.
Cuando Ryan Castro lanzó el álbum Sendé el 29 de mayo, su objetivo era compartir un fragmento de su vida y de la isla que lo marcó: Curazao.
Con su encanto caribeño, la isla se convirtió en la base que ayudó a moldear la identidad artística del cantante colombiano para su segundo disco. Desde sus sonidos rítmicos de dancehall, kizomba, afrobeat y reggae, hasta su arquitectura colonial holandesa y sus impresionantes vistas al mar, Curazao es un recordatorio constante de sus años formativos y de las influencias culturales que siguen inspirando su música.
“Estando en esta isla fue que yo me pegué en Colombia, y creo que era el momento indicado para contarles y dejarles saber lo que viví acá, porque mis influencias culturales también vienen de aquí”, cuenta el arista a Billboard Español. “Me gusta el dancehall, y quizás por eso estoy haciendo este álbum. Las palabras que utilizo, como ‘awoo’, tienen su origen aquí, en la isla, y muchas cosas de lo que soy como artista están relacionadas con este lugar. Por eso creo que es el momento perfecto para compartir esta historia con la gente”.
Si el éxito de Sendé es un indicio — el set ganó un lugar en la lista de Los 25 mejores álbumes de música latina de 2025 hasta ahora (Selección de los editores) — la historia de Castro es tan impactante como su sonido.
En el video “24 Horas con Ryan Castro en Curazao” de Billboard, el cantante nos muestra su vida en la isla. Desde su época trabajando como mesero en el restaurante de mariscos Perla del Mar — donde compartimos una enorme langosta — hasta el humilde apartamento donde vivió, el cantante nos presenta a sus amigos y familia — incluida su madre, quien aún trabaja como enfermera en Curazao — al enseñarnos el lugar que lo moldeó. Incluso regresa a sus días como guardia de seguridad en un hogar de ancianos, reflexionando sobre los sacrificios que hizo mientras perseguía su sueño de una carrera musical.
“Trabajé en muchas cosas y siempre con el sueño de salir adelante con la música”, dice. “Lo primero que me compré fue un equipo de sonido para poner los temas, porque yo tenía que escuchar los temas para salir a trabajar, para moralizarme y para enrumbarme también”.
De El Cantante del Ghetto a una sensación en ascenso de la música latina, Castro puede apreciar lo lejos que ha llegado. “Poder salir a la fama, viajar el mundo y tener bien a mi familia, de verdad que para nosotros es un orgullo, y este rinconcito hace parte de eso”, comparte. “Es un espacio muy especial y humilde para nosotros que llevamos en el corazón”.
