En su 66ª edición, el festival regresa este sábado a la provincia de Córdoba, Argentina.
Promoviendo la música de alcance popular, a lo largo de los años el Festival Nacional de Folklore de Cosquín, en la provincia de Córdoba, Argentina, supo tener un equilibrio entre dar a conocer nuevos valores y fortalecer los tradicionales. Con idas y vueltas, con virtudes, polémicas y contradicciones, nunca dejó de ser un objetivo al que los artistas del género quieren atravesar: subir al escenario Atahualpa Yupanqui y enfrentarse a la experiencia de convencer al público en la Plaza Próspero Molina.
Asimismo, históricamente hubo inclusiones de músicos que no venían necesariamente del palo folklórico, sobre todo desde la década del 70, cuando participaron conjuntos de música melódica sin que se imponga demasiada resistencia. En la edición 2026, que comienza este sábado (24 de enero) y se extenderá hasta el domingo 1 de febrero, la inclusión de Milo J y Cazzu fue en esa línea.
A partir de los 80, mediante artistas interesados en “nuevos sonidos”, se comenzaron a introducir instrumentos que venían del universo del rock — que por entonces era lo moderno, la tendencia entre la juventud — en la música folklórica tradicional. León Gieco fue clave para popularizar la fusión entre el folklore y el rock, traspasando esa barrera. Al punto en que, a pesar de que existió cierto recelo, fue invitado a participar.
El espectro también se abrió para el cuarteto. La inclusión del Cuarteto Leo en 1987 fue significativa, pero con la Mona Jiménez al año siguiente — donde compartió espacio con Luis Landriscina, los Tucu Tucu y Ramona Galarza — la cosa tomó otra dimensión. Hasta ese momento, fue el récord de asistencia de personas, llegando a la ciudad cerca de 100.000. El público llevó carteles que decían “Mona, folklore cordobés”. “Fue una demostración de que Córdoba era cuarteto”, supo decir La Mona. El género era resistido, el concierto fue un caos y se estigmatizó a tal punto a Jiménez que recién pudo volver en el 2012. “La música de cuarteto era para negros, para gente humilde y ellos no querían eso. Yo siempre le canté a la gente más humilde”, recordó el artista cuando le consultaron por aquella noche.
Entre estos puntos de inflexión y la actualidad, pasaron otra serie de músicos provenientes de otros géneros que marcaron hitos. En ese sentido, es clave la participación de Charly García invitado por Mercedes Sosa en 1997. Fueron apenas 10 minutos sobre el escenario, pero todo el país habló de eso. Antes y después del show.
Consultado por Billboard Argentina, hoy García dice: “Lo recuerdo muy gratamente. Yo siempre admiré a Mercedes Sosa, y cuando me invitó no tuve otra cosa que hacer que ir y darle mi apoyo, y a la vez compartir la idea de que la música incluye todo: folklore, rock, etc. Cuando llegábamos y nos íbamos en la combi, la gente se volvía loca: parecía que éramos los Beatles”.
Explica que antes de esa invitación su relación con el festival era “un poco rara… Te podían tirar naranjas o cosas por el estilo, así que la invitación de Mercedes fue un punto de inflexión y lo recuerdo muy vívidamente”. Esa apertura fue muy importante, recalca. “Una vez más, digo que se pueden fusionar distintos estilos para lograr algo coherente y artístico”.
Más adelante hubo otras actuaciones resonantes. Divididos, trío de rock con una profunda ligazón al folklore argentino, participó en el 2008, año del centenario del nacimiento de Don Ata (el apodo cariñoso con el que se conoce al cantautor, guitarrista, poeta y escritor argentino Atahualpa Yupanqui). Tuvieron a Peteco y Demi Carabajal, Rubén Patagonia, Fortunato Ramos y Ricardo Vilca como músicos invitados. “Si Cosquín nos acepta como sus hijos, es un placer muy grande”, dijo esa noche Ricardo Mollo.
Fito Páez tocó en el 2020. Comenzó el concierto con “Me voy quedando” de Cuchi Leguizamón, con una bellísima interpretación en la voz de Fabi Cantilo. También sacó a relucir el costado más folklórico de su propio repertorio, con “Yo vengo a ofrecer mi corazón” y “D.L.G”, una exquisita baguala, entre otras. Antes de arrancar, el rosarino recordó que de niño escuchaba el festival por radio, con su padre, “todas las noches en una casita de La Falda”. Hacia el final, destacó: “Que un festival de la naturaleza de Cosquín esté abrazando otras músicas, habla maravillas del corazón argentino. Gracias Cosquín por abrirte a otras expresiones, que al final, somos los mismos”.
Todas estas apariciones en la grilla del Cosquín, en la previa causaron polémica, y en el post, elogios. Hoy, donde la oferta cultural es cada vez más amplia, se presentarán artistas de raíces raperas: Cazzu en la segunda luna (el domingo 25 de enero) y Milo J, en la novena (domingo 1 de febrero). El anuncio de la inclusión de ambos fue muy bien recibido.
Diego Olmos trabaja hace más de 30 años en el festival. Comenzó siendo cadete del histórico presentador Julio Mahárbiz, y fue descubriendo varios secretos del sector. Hoy es el secretario de programación. Entrevistado por Billboard Argentina, recuerda muchas cosas como ciudadano y espectador.
“Cuando estuvo La Mona por primera vez, fue su lanzamiento nacional. Colapsó la ciudad, yo estaba con mis viejos, me acuerdo que nos pasaba la gente por encima, era un caos. Después, me tocó estar adentro y de escuchar críticas desde otro lado. Siempre recordé algunos de esos momentos, como cuando tocaba Horacio Guaraní. El día que tocaba él, estaba prohibida la salida para los chicos por el caos de gente que venía a Cosquín. Porque pasaba lo mismo, una movida impresionante”, dice.
“En el festival siempre hubo polémica, muchas veces causada por los mismos folkloristas”, asegura sobre los shows “especiales” que albergó Cosquín a lo largo de los años. Y agrega: “Creo que en un festival tan importante, siempre pasan estas cosas. También pasó que le abrieron la puerta a Charly en su momento, a Divididos o Bersuit, el año pasado. Mercedes y otros artistas, siempre trataron de vincularse con ese género”.
Al preguntarle por qué cree que no hubo polémica pública con la inclusión de Cazzu y Milo J, Olmos responde que porque artistas exitosos como La Sole, Abel Pintos y Luciano Pereyra, que comenzaron en Cosquín cantando folklore, hoy también hacen pop y baladas.
“Con Milo y Cazzu pasa al revés, y la aceptación es diferente”, señala. “Además, hay una búsqueda específica de estos dos chicos. Cazzu es de Jujuy, y más allá de que haga otro género, no desconoce lo cultural y lo folklórico, siempre algo tiene que ver con su terruño. Lo de Milo es la interpretación y la búsqueda de autores y canciones. Hoy los pibes saben qué es ‘La pucha con el hombre’ o ‘Puente Pexoa’, temas que tienen 50, 60 o 70 años, [gracias a que] un pibe que viene de otro lado y tiene otro público, trajo a conocer estas canciones que ya habían quedado en el olvido hasta por los folkloristas”.
Este reportaje fue publicado originalmente por Billboard Argentina.

