A sus 93 años, el gran compositor español dio una entrevista profunda y llena de humor en BIME Bilbao.
A sus 93 años, Manuel Alejandro definitivamente dice lo que piensa.
Entonces, cuando le pregunté si algún día vendería su catálogo – ese tesoro viviente de más de 600 canciones que han sido éxito en la voz de artistas como Julio Iglesias, Rocío Jurado, Raphael, José José y Emmanuel — no tuvo pelos en la lengua.
“No. No”, dijo, llevándose la mano a la cabeza en una entrevista frente a un auditorio lleno durante la conferencia BIME en Bilbao este pasado 28 de octubre. “[Mi catálogo] no tiene precio porque es mi esencia. No hay nada que vender. Esa esencia nuestra es lo que llamamos hasta Dios. Todo está metido ahí. Está fuera de nosotros”.
Esas no fueron las únicas palabras francas de Alejandro esa tarde. Después de leer un ensayo que tituló “La canción, hoy”, el compositor y pianista español habló de la inteligencia artificial, de la inspiración (“Escribo gracias a que he llorado mucho frente al piano”, dijo), de sus musas, y de lo que piensa sobre escribir con grandes grupos de personas, como se acostumbra hacer ahora: “No se puede. No se puede. Uno no se puede masturbar delante de la gente”, dijo, provocando carcajadas.
Pero la intención detrás de sus palabras era seria.
Manuel Alejandro (nombre verdadero Manuel Álvarez-Beigbeder Pérez), tuvo su gran apogeo durante las décadas de 1970, 80 y 90, escribiendo cientos de canciones para voces como Julio Iglesias, Rocío Jurado, José José y Emmanuel. Muchas de ellas, incluyendo “Yo soy aquel”, “Se nos rompió el amor”, “Procuro olvidarte”, “Soy rebelde” y “Todo se derrumbó dentro de mí”, se convertirían en clásicos del cancionero popular de la música en español, interpretadas y reversionadas a través de múltiples generaciones.
Las canciones viven porque esa “esencia” de la que habla su autor es el motor que las produjo, contrario a muchos hits de hoy, que son “canciones para oír y olvidar”.
Las canciones que perduran “no salen del estudio”, dijo Alejandro. “La canción sale de la sensibilidad de la persona exclusivamente. Escribir es un oficio que si no se tiene esa sensibilidad, esa esencia, ese corazón, eres la inteligencia artificial. Yo no creo que la inteligencia artificial llegue a sentir jamás lo que sentimos nosotros, como sabemos que sentimos, en esos momentos que hemos sentido”.
En sus nueve décadas de vida, Alejandro por supuesto ha sentido un montón. Perdidamente enamorado de su segunda esposa, admite sin embargo que “para escribir todo lo que he escrito no he sido un santo varón ni mucho menos”.
Pero el amor por su mujer, quien murió en 2021 por complicaciones de COVID a los 75 años, ha sido su gran inspiración.
“Yo escribí ‘Yo soy aquel’ cuando me enamoré de mi mujer, ella con 18 y yo con 13 años más”, dijo. “Y desde entonces ha sido lo que me ha movido. Me he hecho protagonista con ella de cosas que me iban bien y cosas que me iban mal. Si te metías haciéndolo con ella, lo hacías de una manera increíble porque siempre estuve muy enamorado de mi mujer”.
A diferencia de otros veteranos que han buscado las modas, Alejandro no ha cambiado ni su manera de componer ni su manera de ver la música. Quizás como resultado, en los últimos dos años en particular, él, y su música, están viviendo un resurgir.
En los Latin Grammys del 2023, Rosalía dio nueva vida a “Se nos rompió el amor”, el éxito de Rocío Jurado, la gran musa de Alejandro. En febrero, Alejandro recibió el Premio Lo Nuestro Visionario de manos de su ahijado, Alejandro Sanz, durante la ceremonia en Miami. En abril, “Ojos tristes”, de Selena Gomez, Benny Blanco y The Marias, alcanzó el No. 1 en los charts Hot Latin Pop Songs y Latin Pop Airplay de Billboard. La canción es una nueva versión de “El muchacho de los ojos tristes”, originalmente grabada por Jeanette en 1981.
Tras su charla en BIME, recibió el premio AUPA! con una serenata de Amaia, que cantó su éxito “Como yo te amo”. Y este 15 de diciembre, Alejandro dará un concierto titulado “La historia de mis canciones”, donde recorrerá sus grandes éxitos desde el piano en la sala del Centro Cultural Roberto Cantoral de la Ciudad de México.
Las canciones no tienen fórmula, dice Alejandro, quien este año también publicó su autobiografía, Vibraciones y Elucubraciones de Un Escribidor de Canciones.
“Digo ‘escribidor’ porque tampoco me he tomado el nombre de compositor”, explicó con un toque de humildad ya poco común hoy en día. “Si Beethoven y Prokófiev eran compositores, yo no soy compositor”.

